martes, 31 de mayo de 2022

EL ROSTRO EN LA PARED


Ilustración del autor 




30 Años atrás


TITULARES DEL DOMINGO 22/06/___


MACABRO HALLAZGO




En horas de la mañana, la policía irrumpió en una vivienda de los suburbios de nuestra ciudad, por la denuncia de un vecino cercano, que informó a las autoridades, que la casa en cuestión, parecía abandonada y que salía al exterior un olor nauseabundo, la dueña de casa hacía tres meses que no se le veía. Dentro de la vivienda abundaba la basura y alimentos podridos, en el dormitorio yacía la propietaria del lugar, sin vida y en un estado avanzado de descomposición, su nombre era Génesis Suárez, en otro tiempo fue una gran empresaria y su fortuna ahora era administrada por sus hijos y nietos, cuyos nombres nos ha sido prohibido revelar por este medio, por un bozal legal. La mujer tenía 90 años, abandonada por su familia, por padecer ciertos trastornos mentales, se sumergió en la decadencia en la que vivía actualmente, completamente sola en la antigua casa de sus padres, sufría de artrosis según dicen los pocos que la conocían.






Hace meses que entré en esta residencia, cerrada y abandonada por más de treinta abriles, es más vieja que yo, vacía de vida por mucho tiempo, escribo estas líneas bajo la luz de una vela, única cosa que me salva de estar solo y a obscuras, acepté este trabajo sólo porque cargo con una familia, que necesito mantener, son mi responsabilidad. No tuve ninguna oferta laboral anterior a esta, la casa pertenece a una familia bendecida por la opulencia, cuyo apellido no mencionaré, tengo que estar como casero y custodio para que no entren aquellas gentes de mala vida a llevarse algo. No es eso lo que me impulsa a escribir bajo esta luz mortecina, que apenas sirve para saber lo que estoy haciendo. Es por un acontecimiento que se viene repitiendo cada madrugada, algo que quizá llegue a hacerme perder el juicio, estar solo entre cuatro paredes y un ambiente cargado de humedad, polvo, corrupción generada por el abandono y la falta de luz y ventilación. Llegado el momento, hallaremos las palabras con las cuales podré describir lo me atormenta cada noche.

 Soy una persona vulgar, fui poco tiempo a la escuela, por eso me quedo corto de palabras, está cercano el invierno, aunque dentro de este lugar, el frío creo yo jamás se marcha, las primeras noches fueron insoportables, por mi familia soporto la agonía, horas que pasan como un cortejo mortuorio en total silencio. Una calma interrumpida por la serenata chirriante de los grillos, el silbido del viento entre los árboles desnudos de retorcidas ramas, que me crispa los nervios. Todo lo mencionado nada tiene de anormal, es explicable, no sobrepasa ningún límite de lo que un hombre común y corriente experimenta como algo normal. Fue la tercera o cuarta noche ya no recuerdo bien, que mi situación en la vivienda cambió para peor, al principio uno piensa, que con tanto tiempo a solas, la cabeza empieza a inventar cosas que no existen, imaginando sonidos o sombras que se arrastran lejos de la lumbre. Extraño a mi mujer y mis críos, por ellos soporto esto hasta que un día mande al diablo todo y huya para no terminar loco o muerto, paredes agrietadas con costras de moho y hongos. 


Maldito moho, quiero pensar que los obreros que intentan restaurar la casa, que los dueños piensan vender, lo remueven, pero vuelve a aparecer y se propaga como una ulcerosa peste. Estoy sin dormir hasta que amanezca, para ser exacto hasta las siete de la mañana, hora santa en la que soy libre de este infierno, de esas paredes infectas provino el quejido, débil al principio como lejano, como surgido de las entrañas de la tierra. De alguna cavidad desconocida, el pasar del tiempo provoca socavones en los cimientos, una alimaña atrapada que intenta abrirse paso, o también podría venir del patio trasero, invadido por las malas hierbas, que forman una maraña indescriptible, un gato tal vez, atrapado entre las enredaderas, sin alimento ni agua emite un último lamento en su agonía antes de expirar del todo. Con ese pensamiento, me senté y crucé los brazos, dormitando un poco para luego levantarme bruscamente, con la sensación de que no estaba solo en esa casa desolada.


 No se volvió a oír ningún sonido durante el resto de la jornada, el frío que sentí en mi espalda era antinatural, fue la voz de alarma para mí, ese horrible quejido no era normal, nada que se pueda explicar racionalmente; Miro el reloj, es barato y vulgar como su propietario, la cuarta noche en vela dentro de la casa, ya son casi las tres de la mañana, quiero creer que no volveré a escuchar ese sonido que tanto me perturba. Se hace oír de nuevo, desde las habitaciones en penumbra, se percibe lejano, más adelante se hace más intenso, creo ver mil bocas gimiendo en todas las paredes, sufren de un dolor ancestral interminable, pero  es solo mi mente que me engaña.

El aire se hace más denso, casi no puedo respirar, yo sé perfectamente que todo está cargado de partículas de inmundicia, gotas de frío sudor resbalan por mis sienes, se apodera de mí un sentimiento que mezcla el miedo con la cólera, me levanto del sillón apolillado en el que estoy sentado, con determinación alcé la voz:


- Usted quienquiera que sea, ya basta de bromas, váyase o llamaré a la policía.


Silencio, no hubo pasos, vidrios rotos o chirriar de goznes de ventana alguna, únicamente calma, ninguna polilla revoloteando alrededor de las velas encendidas, el tiempo entró en un estado de coma, hasta que de súbito el horror más cruel, volvió a envolverme entre sus helados brazos, el gemido ronco ahora transformado en un grito gutural de un ser agonizante, esta pesadilla no tiene un final definido. 


Tuve que sacar fuerzas de dónde no tenía, para de una vez por todas terminar con este oscuro misterio, saber que forma tenía aquella cosa que sufría en la oscuridad, atormentando mis noches con sus lamentos;. Me armé de coraje, venciendo al terror que se rehusaba a soltarme, tomé en mis manos un antiguo candelabro de bronce cubierto de verdín, para alumbrar el camino hacia los dormitorios, que bien sabía que estaban vacíos, lo únicos habitantes eran insectos que se reproducen en la humedad, puertas deshechas, escombros, muebles inservibles, y fue entonces que descubrí esa habitación vacía, dónde el moho reinaba por doquier, carcomiendo la mampostería,  las paredes hinchadas, negras, manchones que parecían dibujar imágenes indefinidas, el olor me provocó náuseas, acercándome más a la pared, fue que tuve la visión más espantosa de mi corta vida, entre las manchas de humedad, estaba el rostro mustio y decrépito de una anciana, sus facciones impresas por la corrupción, solo expresaban un sufrimiento infinito,    abrió los ojos ante mi vista y su boca excretando cochambre líquida gritó horriblemente, perdí la consciencia y caí desmayado.


No entiendo cómo no se incendió toda la casa, sí, la humedad tuvo la culpa de eso, de no ser así, hubiera ardido yo junto con ella, la casa y el que ahora escribe serían cenizas, solo el fuego podría acabar con esta residencia maldita, no he indagado en la historia de sus propietarios, no quiero saber los secretos que ocultan estas paredes podridas, me iré antes de que culmine mi turno, pero lo que ví en ese dormitorio me perseguirá hasta la tumba, pido a dios que no pierda lo único que atesoro mi cordura.



CRÓNICAS DEL DOMINGO


TITULARES


TRAGEDIA TODA UNA FAMILIA MUERE EN VORAZ INCENDIO






FIN

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