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| Ilustración del autor |
30 Años atrás
TITULARES DEL DOMINGO 22/06/___
MACABRO HALLAZGO
En horas de la mañana, la policía irrumpió en una vivienda de los suburbios de nuestra ciudad, por la denuncia de un vecino cercano, que informó a las autoridades, que la casa en cuestión, parecía abandonada y que salía al exterior un olor nauseabundo, la dueña de casa hacía tres meses que no se le veía. Dentro de la vivienda abundaba la basura y alimentos podridos, en el dormitorio yacía la propietaria del lugar, sin vida y en un estado avanzado de descomposición, su nombre era Génesis Suárez, en otro tiempo fue una gran empresaria y su fortuna ahora era administrada por sus hijos y nietos, cuyos nombres nos ha sido prohibido revelar por este medio, por un bozal legal. La mujer tenía 90 años, abandonada por su familia, por padecer ciertos trastornos mentales, se sumergió en la decadencia en la que vivía actualmente, completamente sola en la antigua casa de sus padres, sufría de artrosis según dicen los pocos que la conocían.
Soy una persona vulgar, fui poco tiempo a la escuela, por eso me quedo corto de palabras, está cercano el invierno, aunque dentro de este lugar, el frío creo yo jamás se marcha, las primeras noches fueron insoportables, por mi familia soporto la agonía, horas que pasan como un cortejo mortuorio en total silencio. Una calma interrumpida por la serenata chirriante de los grillos, el silbido del viento entre los árboles desnudos de retorcidas ramas, que me crispa los nervios. Todo lo mencionado nada tiene de anormal, es explicable, no sobrepasa ningún límite de lo que un hombre común y corriente experimenta como algo normal. Fue la tercera o cuarta noche ya no recuerdo bien, que mi situación en la vivienda cambió para peor, al principio uno piensa, que con tanto tiempo a solas, la cabeza empieza a inventar cosas que no existen, imaginando sonidos o sombras que se arrastran lejos de la lumbre. Extraño a mi mujer y mis críos, por ellos soporto esto hasta que un día mande al diablo todo y huya para no terminar loco o muerto, paredes agrietadas con costras de moho y hongos.
No se volvió a oír ningún sonido durante el resto de la jornada, el frío que sentí en mi espalda era antinatural, fue la voz de alarma para mí, ese horrible quejido no era normal, nada que se pueda explicar racionalmente; Miro el reloj, es barato y vulgar como su propietario, la cuarta noche en vela dentro de la casa, ya son casi las tres de la mañana, quiero creer que no volveré a escuchar ese sonido que tanto me perturba. Se hace oír de nuevo, desde las habitaciones en penumbra, se percibe lejano, más adelante se hace más intenso, creo ver mil bocas gimiendo en todas las paredes, sufren de un dolor ancestral interminable, pero es solo mi mente que me engaña.
El aire se hace más denso, casi no puedo respirar, yo sé perfectamente que todo está cargado de partículas de inmundicia, gotas de frío sudor resbalan por mis sienes, se apodera de mí un sentimiento que mezcla el miedo con la cólera, me levanto del sillón apolillado en el que estoy sentado, con determinación alcé la voz:
- Usted quienquiera que sea, ya basta de bromas, váyase o llamaré a la policía.
Silencio, no hubo pasos, vidrios rotos o chirriar de goznes de ventana alguna, únicamente calma, ninguna polilla revoloteando alrededor de las velas encendidas, el tiempo entró en un estado de coma, hasta que de súbito el horror más cruel, volvió a envolverme entre sus helados brazos, el gemido ronco ahora transformado en un grito gutural de un ser agonizante, esta pesadilla no tiene un final definido.
Tuve que sacar fuerzas de dónde no tenía, para de una vez por todas terminar con este oscuro misterio, saber que forma tenía aquella cosa que sufría en la oscuridad, atormentando mis noches con sus lamentos;. Me armé de coraje, venciendo al terror que se rehusaba a soltarme, tomé en mis manos un antiguo candelabro de bronce cubierto de verdín, para alumbrar el camino hacia los dormitorios, que bien sabía que estaban vacíos, lo únicos habitantes eran insectos que se reproducen en la humedad, puertas deshechas, escombros, muebles inservibles, y fue entonces que descubrí esa habitación vacía, dónde el moho reinaba por doquier, carcomiendo la mampostería, las paredes hinchadas, negras, manchones que parecían dibujar imágenes indefinidas, el olor me provocó náuseas, acercándome más a la pared, fue que tuve la visión más espantosa de mi corta vida, entre las manchas de humedad, estaba el rostro mustio y decrépito de una anciana, sus facciones impresas por la corrupción, solo expresaban un sufrimiento infinito, abrió los ojos ante mi vista y su boca excretando cochambre líquida gritó horriblemente, perdí la consciencia y caí desmayado.
No entiendo cómo no se incendió toda la casa, sí, la humedad tuvo la culpa de eso, de no ser así, hubiera ardido yo junto con ella, la casa y el que ahora escribe serían cenizas, solo el fuego podría acabar con esta residencia maldita, no he indagado en la historia de sus propietarios, no quiero saber los secretos que ocultan estas paredes podridas, me iré antes de que culmine mi turno, pero lo que ví en ese dormitorio me perseguirá hasta la tumba, pido a dios que no pierda lo único que atesoro mi cordura.
CRÓNICAS DEL DOMINGO
TITULARES
TRAGEDIA TODA UNA FAMILIA MUERE EN VORAZ INCENDIO
FIN

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