domingo, 27 de noviembre de 2022

LO QUE TRAJO EL TEMPORAL

 








-¿Podría explicarme con lujo de detalles lo que ocurrió aquí hace 85 años? -El anciano dió una larga chupada a su pipa de madera, y alzó la vista a las ruinas del pueblito en el que nació.



-Aquellos días fueron extraños hijo -Murmuró el viejo- Si te contara las cosas como son dirías que, estoy senil y me falla la cabeza…



-Me esforzaré por creer absolutamente todo lo que usted diga señor ¿Cómo era su nombre?



-No me lo preguntaste aún, es De Mendoza, Alfonso De Mendoza, todos por aquí me dicen don Alfonso.



-Don Alfonso me interesa saber qué pasó en esos días misteriosos, sé algunas cosas que murmuran entre los lugareños pero no me parece creíble lo que dicen me gustaría saber su versión de los hechos -El anciano exhaló unos anillos de humo que se asemejaban a los de Saturno.



-Lo primero que debemos hacer es salir de este lugar, me da repelús, los recuerdos me invaden y no son gratos.






El viejo cargó de tabaco su pipa, se sirvió un vaso de ginebra y lo apuró hasta vaciarlo, el líquido le calentó la garganta y sus ojos adquirieron un brillo ominoso. El hombrecillo rubio de ojos saltones -Que se llamaba Tobías Krausse- Sacó una libreta en blanco del bolsillo de su camisa y se dispuso a anotar las palabras del anciano, quería escribir un libro sobre aquel caso olvidado que los más antiguos llamaban "los día extraordinarios". Algo que se intentó sepultar por aquel entonces, involucró al alcalde y supuestamente hasta el gobierno y el ejército nacional, el anciano se acomodó en su silla e inició su relato…




Yo tenía exactamente dieciséis años cuando sucedió todo -Comenzó a decir y dio una honda calada a su pipa- era el mes de Octubre de 1975, me levanté temprano aquel día, a esa edad ya había abandonado el colegio y trabajaba en la fábrica de cereal junto a mi hermano menor. La jornada transcurrió normal y no hubo novedad, sin embargo había rumores entre los lugareños, de que cosas extrañas se estaban viendo en los cielos, no le dí importancia. Dalleth del Este era un pueblo semi rural, con una rutina fija, del trabajo a la casa o del trabajo a la cantina por la tarde, casi 12 o más horas de jornada laboral que te dejaban exhausto, aunque tenía un poco de tiempo libre para cortejar a las muchachas del pueblo, a esa edad ya era un galán y un poco sinvergüenza. Mis padres también trabajaban cada cual en lo suyo, pienso que madure antes de tiempo por ese motivo, las hormonas me hervían -El viejo se rió entre dientes y bebió más Ginebra- Por aquel entonces, pero no viene al caso contarle sobre mis aventuras amorosas, yendo al grano, lo que usted joven quiere saber es algo que sobrepasa la razón como le dije al principio, es de locos lo que pasó en Dalleth hace 85 años. No ocurrió enseguida, creo que hubo digamos "señales*, sonidos en la madrugada que te hacían despertar sobresaltado, los perros y el ganado se inquietaban en la noche y al atardecer, cosas muy pequeñas y hasta podría decirse que se tomaban por comunes y corrientes.


Yo culminé mi jornada de trabajo en la fábrica, y al mirar hacia el este vi unos densos nubarrones "lluvia y tormenta" pensé, los relámpagos no tardaron en partir el cielo en dos, el día de pronto se hizo medianoche; porque todo se cubrió de tinieblas y comenzó a llover de forma torrencial, me refugie en la cantina y de paso pedí un porrón de cerveza fría. Me encontré con un vecino, el viejo Hugo Ruiz, que tenía una plantación de tomates y le iba bastante bien en lo suyo, se veía cabizbajo y taciturno le hablé:


-Ruiz viejo zorro -Le dije- ¿Aclarando la garganta en la tarde? -Me miró y sus labios arrugados formaron una mueca que se podía interpretar como una sonrisa.


-Hum -Musitó- Se Está cayendo el cielo a trozos allá afuera, deberías estar en casa, este condenado clima arruinará las cosechas y las plantas será una gran pérdida y no para mí sino para todo el mundo, estoy bebiendo para intentar olvidar…


-Anímate, no creo que dure mucho el chubasco.


-Ojalá así sea brindaré por eso -Bebió de un trago su vaso de whisky barato.



Con mucha dificultad logré llegar a casa, me encontraba algo mareado por el alcohol, las calles eran la mayoría de tierra o adoquinadas, el barro se te pegaba a las suelas de los zapatos y te impedía caminar,  Me equivoqué con el clima, el temporal continuó como siete días con sus noches, provocando un desastre de pérdidas económicas. Terrenos inundados, ganado muerto por los rayos y centellas, hectáreas anegadas, sembrados perdidos, pero cómo verá más adelante, el temporal traería más sorpresas para Dalleth del Este. Fue mi vecino el que llegó sobresaltado a avisarle a mis padres y a mí, que había hallado algo extraño entre los restos de su tomatera… (Don Alfonso hizo una larga pausa y comenzó a temblar) 


-¿Y? ¿Qué había encontrado el viejo Ruiz en sus campos? -insistió Krausse, que anotaba frenéticamente en su libreta cada palabra del anciano.



-Discúlpeme joven, es hora de mi siesta (Eran las 15:15hs) pero ya que sigue insistiendo en que le cuente continuaré, aunque se me ponga la piel de gallina al recordar aquello…



Con voz temblorosa, Ruiz habló y repetía las mismas palabras una y otra vez:



-El temporal es una maldición sobre este pueblo… Cosas han caído del cielo y no son nada que yo haya visto antes…son como huevos pero tampoco creo que lo sean algo extraordinario ha ocurrido por favor acompáñenme para que vean que no estoy loco.  


-Ruiz no se sobresalte tanto -Intervino mi padre- Deben ser huevos de algún pájaro grande que han caído del nido y usted piensa en fantasías y maldiciones ¡Alfonso! Ven, iremos a ayudar al señor Ruíz, por el camino buscaremos a otros vecinos.



En el camino a las tierras arrasadas de Don Ruiz, pude escuchar que todo el mundo hablaba de esos "huevos" de aspecto extraño, ¿Alguna clase de granizo grande? Pensé; Pero el granizo se derrite con el sol, y esa mañana el sol era un disco rojo y ardiente que levantaba un vapor húmedo y caliente, que te hacía sudar como un buey. Cualquier pedazo de hielo terminaría fundido en el barro uniéndose a las muchos charcos lodosos,  que había a lo largo y ancho de las calles sin adoquinar, resultó que no habían caído sólo en los campos de Ruiz, sino por doquier, los hallaron en los tejados y en los jardines, pero yo me rehusaba a ir a ver cuándo alguien decía que había un montón de esas cosas en su terreno. Después de una larga caminata esquivando charcos, justo antes de llegar a las tierras de Ruiz, que caminaba con cabeza gacha y en silencio como un autómata delante nuestro, escuchamos un sonido de vehículos acercándose rápidamente, yo y mi padre volteamos para ver detrás de nosotros, era una camioneta de la policía rural, y detrás cinco camiones del ejército nacional. Sí era como la escena de una de esas películas de guerra o del amanecer de los muertos vivos, al acercarse a dónde estábamos, el convoy se detuvo, de la camioneta policial descendió un hombre con vestimenta típica de campesino yo lo había visto pocas veces por el pueblo, pero sabía bien quién era, era el alcalde Gregorio De Martínez, nos saludó amablemente y habló con nosotros, Ruiz siguió caminando sin notar nada al parecer estaba como ido: 




-Dalleth del Este está atravesando una crisis importante, estamos aquí para ayudar en lo que nos sea posible a los afectados por el temporal, y escuché de algo más -Luego de una pausa suspiró y continuó- No sé si será un rumor o no, pero me hablaron de unos objetos extraños que cayeron del cielo durante la tormenta ¿Es cierto eso?.



-Justamente mi vecino Don Ruiz me vino con ése cuento está mañana -Respondió mi padre- Se veía nervioso y asustado, el resto de la comunidad también habla de eso, así que debe ser verdad el asunto, dicen que parecen huevos de gallina o algo por estilo, no he visto ninguno todavía.



-Es un evento muy difícil de creer sin ver, pero espero que no sea nada del otro mundo, hay historias por ahí que dicen que en algún remoto confín de la tierra, han llovido ranas o peces, pero huevos de gallina nunca han caído del cielo, si cayeran levantados por el viento de algún gallinero se habrían quebrado al caer digo yo, a no ser que estén congelados, resolveremos este misterio y ayudaremos al pueblo ¿A dónde se dirigen?



-A los campos de Ruiz.



-Los acompañaré -Dijo y volvió a subir a la camioneta de la policía- ¡Muchachos! ¡Sigan a De Mendoza y su hijo!.




No sé si usted conoce el olor a tierra mojada hijo, pero no fue ese aroma el que percibí al llegar a las tierras de don Ruiz. Era un aroma peculiar y picante irritaba la nariz, como si fuera pimienta o ají molido, entre las plantas destruidas, había como una especie de laguna de agua lodosa, sobre el agua flotaba una espuma de aspecto malsano de un color naranja opaco mezclado con otros tonos que no le sabría decir exactamente de qué color eran. Por primera vez pude ver a esos "huevos" de los que tanto hablaba la gente del pueblo; Eran de aproximadamente 13 centímetros de largo, ovalados y de apariencia metálica, su color era como verde oscuro, lo que sería la cáscara exhibía unos patrones geométricos imposibles grabados sobre la misma, estaban semi sumergidos y diseminados por doquier. Me atreví mientras mi Padre conversaba con el alcalde, a tomar uno de esos objetos con mis manos, entonces sentí que vibraba y emitía un zumbido como si mil abejas estuvieran dentro del artefacto, no sabía lo que ocurriría después . Un soldado me agarró del hombro y me gritó:



-¡Suelta eso!



Lo solté enseguida, escuché un chasquido que provenía del suelo, miré y vi que se había abierto el artefacto en forma de huevo. El soldado empuño su fusil en dirección al objeto, el "CLICK" resonó por toda la tomatera destruida de Don Ruiz, todos los "huevos" se estaban abriendo y no fueron pollos lo que salió de ellos. Fue por el intenso brillo del sol que hacía que el agua centellee como las estrellas que no pude verlos bien al principio. Lo que ví después solo fue el relámpago que anuncia la tormenta, del suelo se elevó una nube negra con destellos rojizos, el zumbido era atronador e insoportable. ¿Moscas? No sé lo que eran, nunca los pude ver con claridad, el primer disparo lo dió el soldado que me gritó, luego gritos y caos. Salimos corriendo de allí con mi padre, desafortunadamente se resbaló en el barro y cayó al suelo, la maldita nube lo cubrió porque emergió de todas partes, logré escapar y ocultarme en un viejo sótano que servía de depósito de grano. Aún escucho los gritos de mi padre pidiendo auxilio, el terror y el caos se apoderaron de Dalleth en ése día, fue sólo un día luego del temporal, nadie pudo enfrentar a lo que salió de esos objetos que cayeron del cielo, éramos como 8500 habitantes con sus respectivas familias, niños y niñas, hombres y mujeres, animales de corral todo fue devorado en un día. No sé cómo estoy vivo ahora, contándole la historia del pueblo que pereció en menos de unas horas hace 85 años. Cuando salí de mi escondite no hallé cuerpos, tampoco sangre, absolutamente nada, todo el mundo había desaparecido, las casas parecían haber sido roidas por un millón de ratones. Caminé errante hasta llegar a la ciudad más cercana, harapiento y con mucho hambre, me crié en un orfanato hasta que fui adoptado por una familia que ¡Vaya casualidad! Tenía mi mismo apellido -El viejo terminó vaciando su botella de ginebra al culminar su relato y se quedó dormido.



Tobías Krausse guardó su libreta y volvió a la zona "0" de la devastación del pueblo de Dalleth del Este, dió un largo paseo por entre las ruinas carcomidas de las antes, alegres casitas de estilo colonial, ahora solamente cimientos roidos extrañamente, por el paso del tiempo y por algo desconocido que cayó de los cielos según el relato de don De Mendoza. Tomó una decena de fotografías al pueblo, pero se topó con algo extraño, entre los escombros cubiertos de musgo y hiedra trepadora, halló varios objetos ovalados idénticos a los del relato, tomó uno de esos "huevos" en sus manos y lo recorrió con sus dedos, efectivamente estaba confeccionado de alguna clase de metal oscuro y verdinegro. La corteza exhibía unos relieves mostrando una geometría de ángulos y formas desconocidas, lo que más impactó a Tobías Krausse, fue el zumbido dentro del artefacto, y luego una criatura alargada similar a un mil piés con muchos pares de apéndices articulados algunos similares a alas y patas, todo el conjunto era una quimera imposible, una máquina diminuta y un ser vivo a la vez, luces rojas resplandecieron ante su vista.



FIN


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